El 26 de febrero de 1811, José Canga-Argüelles, Secretario del Despacho de Hacienda del Consejo de Regencia, presentó a las Cortes el primer Presupuesto de la Nación de nuestra Historia. Apenas trece meses más tarde, esas mismas Cortes aprobaban una Constitución en la que, por primera vez en la historia del constitucionalismo, se regulaba un ciclo presupuestario completo, con las mismas fases que lo conocemos en la actualidad, desde la preparación del Presupuesto bajo el impulso del Secretario de Hacienda, hasta la rendición, examen, aprobación y publicación de las Cuentas, pasando por el debate y aprobación en las Cortes de los gastos de la administración pública  y de las contribuciones o impuestos y por la posterior ejecución de gastos  por el Rey, con el refrendo de los Secretarios de Despacho y bajo el principio de caja única.

Salvo la intervención real en la ejecución de los gastos, ninguno de estos hitos nos parece extraño el día de hoy, pero, cuando los constituyentes de Cádiz los idearon, suponían una auténtica revolución con la que sentaban las bases de lo que debía ser la Hacienda Pública de un estado moderno.

A lo largo del siglo XIX, entre reyes felones, guerras civiles y cambios de Régimen, se fue asentando en España un modelo organizativo de la Hacienda Pública que fue capaz de sostener un Estado en permanente crisis política y que, en su diseño general, ha llegado hasta nuestros días.

Del mismo modo que podemos reconocer en la Constitución de Cádiz la estructura de nuestro ciclo presupuestario actual, también encontramos en la reforma fiscal de 1845 el diseño del actual sistema tributario de las haciendas locales; y podemos reconocer en la Ley de Contabilidad de 1850 nuestro actual sistema de contabilidad presupuestaria. 

Si algo tuvieron en común los impulsores de estas reformas, fue su capacidad para identificar con claridad los problemas de su época y proponer soluciones rigurosas, meditadas e innovadoras. Quienes servimos a la Hacienda de hoy, les debemos nuestro reconocimiento por el legado que nos entregaron y nuestra admiración por la actitud con que abordaron los problemas a los que se enfrentaban.

Este Blog pretende ser un foro de debate y búsqueda de respuestas para los problemas a los que se enfrenta la Hacienda Pública del siglo XXI. Creemos que a las soluciones que se pensaron para resolver problemas del siglo XIX ya no les queda recorrido, pero la actitud con que se plantearon esas soluciones es la única que nos permitirá encontrar respuesta a los problemas de hoy.

Con este Blog, queremos rendir homenaje a los Canga-Argúelles, López Ballesteros, Mendizábal, Mon, Santillán, Bravo Murillo, Figuerola, Echegaray, Gamazo, Fernández Villaverde y tantos otros hacendistas que, a lo largo del siglo XIX, definieron la Hacienda Pública que hemos heredado. Y personificamos este homenaje en el que inició el siglo con el primer Presupuesto de nuestra Historia. 

Tras la invasión de los Cien mil hijos de San Luis y el fin del trienio liberal, Canga- Argüelles se exilió en Londres, donde fundó y dirigió El Emigrado Observador, un periódico que se difundía entre el exilio liberal. Hoy, afortunadamente, ningún español se ve obligado a “emigrar” por sus ideas políticas, por eso hemos querido llamar a este Blog, simplemente, El Observador. Con él, queremos afirmar nuestra convicción de que solamente resolveremos los nuevos problemas de nuestro tiempo si somos capaces de encontrar nuevas soluciones.